PERSONAJES DISTINGUIDOS

 

Rosa Alarco Larrabure

Rosa Alarco Larraburre, pionera en la fundación de coros juveniles, nació en Lima el 3 de noviembre de 1911. Perfeccionó sus conocimientos de música en conservatorios de Chile, Francia y España.
Después de vencer una larga y obstinada resistencia familiar, al cumplir los 15 años consiguió que su padre le comprara una guitarra, instrumento que le permitió ingresar en el mundo de la música.
Desde niña se sentía atraída por el folclore. "Abandonando comidas y juegos pasaba largas horas en las reuniones de los criados escuchando absorta sus cuentos de duendes y fantasmas. Sus canciones y relatos. Era el mundo mágico".
Discípula del pianista Luis de la Cuba y de la reina de la marinera, Bartola Sancho, en 1954 junto a la Federación de Estudiantes de San Marcos creó el Coro Universitario de dicha casa de estudios. Anteriormente ya había fundado y dirigido el coro de la Unidad Escolar Rosa de Santa María y del Colegio Mercedes Cabello. Su primera obra coral, Canciones y cánones la dedicó a ellos.
Como musicóloga dedicó su vida a estudiar el folclore y melodías antiguas de la costa y de la sierra. Sus investigaciones las difundía a través de las presentaciones de los coros que ella dirigía a nivel nacional y mediante sus libros, que fueron publicados por la universidad de San Marcos, entre ellos Danza de los negritos de Huánuco (1976).
Fue excelente analista y arreglista de composiciones para coro, como "Amor ladrón", "El cañaveral", "La pasionaria", "Amor que mata", "La jarra de oro", "La lámpara maravillosa" y "Ay pepa", con las cuales creó la obra sinfónica coral Suite de Juana. Entre las andinas destacan "Aguacerito cordillerano" y "Las quejas".
En la comunidad campesina San Pedro de Casta realizó importantes estudios etnomusicales centrándose principalmente en la Fiesta del Agua, uno de los ritos más importantes de la zona. Precisamente, a solicitud de la compositora, sus restos fueron sepultados en el cementerio de dicha comunidad. Murió el 19 de enero de 1980.
En el ámbito internacional, en 1958 fue delegada del Perú ante el Consejo Internacional de Música de la UNESCO. Desde 1963 hasta 1972 fue consejera y representante de nuestro país ante la Confederación de Coros de América.
Rosa Alarco recorrió el país sistematizando no sólo sus antiguas formas musicales (encontró melodías medievales traídas por los conquistadores) sino también rescatando sus trajes típicos, los mismos que actualmente se encuentran, junto a su valioso archivo musical, en el Centro de Etnomusicología Andina del Instituto Riva Agüero y en la asociación que lleva su nombre.
En 1979 obtuvo en Cuba el premio Casa de las Américas en el área de etnomusicología por su libro Alfonso de Silva, que narra la vida de este connotado musicólogo. En 1966 vio la luz su obra Canciones sobre temas peruanos para coro mixto, y en 1981 se publicó póstumamente su poemario Los seres ardientes.
Una de las principales preocupaciones de Rosa Alarco fue incentivar en los músicos e investigadores del arte popular un trabajo a conciencia para que las manifestaciones populares permanezcan vivas entre nosotros. Hasta el final de sus días luchó por la preservación y difusión de nuestro folclore, mediante estudios como los suyos, que se aplicaron en las enseñanzas.
Defensora de los derechos humanos
Además de su pasión por la música, Alarco se ocupó en tareas que en ese entonces no estaban permitidas a las mujeres: lidiar por los derechos humanos y asumir un compromiso social.
Trabajó en la formación y desarrollo del Comité de Defensa de los Derechos Humanos, desde cuya Secretaría de Relaciones Exteriores logró comprometer la solidaridad de importantes personajes mundiales como Jean Paul Sartre. Dentro de esta misma inquietud, desde 1943 integró el Movimiento Latinoamericano para la Defensa de los Derechos Humanos e intervino a partir de 1978 en la Asamblea Permanente de Defensa de los Derechos Humanos del Perú. Participó en la fundación de la Unidad Democrática Popular, en la que asumió el cargo de Secretaria de Cultura.