Índice de Capital Humano según el Banco Mundial.

La medición del bienestar y los niveles de progreso de la gente cobran cada día más relevancia, ya que permiten tener una visión más clara del impacto de las políticas públicas. Así lo sostuvo el docente sanmarquino Alejandro Narváez Liceras al comentar el Índice de Capital Humano (ICH), presentado por el Banco Mundial (BM) el 13 de octubre último en Bali, Indonesia, en el marco de la Cumbre sobre el Capital Humano.

Según el BM, con dicho índice se busca medir los resultados en las áreas de educación, salud, nutrición y protección social, y con ello ayudar a los países miembros a invertir más y mejor en las personas.

“Se trata de una medida prospectiva de cómo los resultados actuales en materia de salud y educación, principalmente, determinarán la productividad para las próximas generaciones de trabajadores. En suma, el ICH servirá para medir resultados de capital humano relacionados con la productividad, la supervivencia infantil, la predisposición innata de los niños para ser exitosos en el futuro, el nivel de aprendizaje de los estudiantes y la salud de los adultos”, refirió el también vicedecano de Investigación y Posgrado de la Facultad de Ciencias Administrativas (FCA).

Doctor Alejandro Narváez Liceras explicó alcances del ICH.

Sobre la condición del país en el ranking mundial del nuevo ICH 2018, el doctor Narváez indicó que Perú se ubica en el número 72 de 157 países estudiados (obtuvo 0.59 puntos sobre 1), muy lejos de Chile, que está en el puesto 45. Explicó que las razones del bajo puntaje básicamente son dos: la mala calidad de la educación (véase prueba PISA 2015) y las deficiencias en los servicios de salud, principalmente en la infancia. 

De acuerdo con el BM, el capital humano comprende los conocimientos, las capacidades y la salud que las personas acumulan a lo largo de su vida y que les permiten desplegar su potencial como miembros productivos de la sociedad. Invertir en las personas a través de la nutrición, la atención médica, la educación de calidad, el empleo y las capacidades ayuda a desarrollar el capital humano, lo que resulta clave para poner fin a la pobreza y crear sociedades más inclusivas y menos desiguales.

Otras mediciones

Según manifestó el vicedecano, a lo largo del tiempo, se ha propuesto una serie de indicadores del bienestar y progreso de una sociedad, cada de uno de los cuales ha generado debates entre economistas y políticos.

El producto bruto interno (PBI) como medida de crecimiento y distribución de renta producida por una nación, ideado en 1934 por Simon Kuznets, ganador del Premio Nobel de Economía en 1971, fue severamente cuestionado por los nobeles de Economía Joseph Stiglitz, Eugene Fama, Jean Tirole y Angus Deaton. Ellos argumentaron que esta medida no incluye la distribución de la renta y la riqueza, ni evidencia la permanente relación entre desigualdad e inestabilidad de los mercados. Tampoco refleja el nivel de vida de los ciudadanos. 

El ICH busca medir los resultados en las áreas de educación, salud, nutrición y protección social.

El índice de progreso real, (IPR) o Índice de progreso genuino (IPG), es un indicador que se conoce desde 1950, pero que no ha tenido mayor uso y es muy poco conocido; al igual que el Índice de Bienestar Económico Sostenible (IBES) que intentó remplazar al PBI como indicador de bienestar social, pero tampoco tuvo mayor éxito. 

Así también, el Índice de Desarrollo Humano (IDH), presentado en 1990 por Amartya Sen, ganador del Premio Nobel de Economía en 1998, el más aceptado y promovido por el Programa de las Naciones Unidas (PNUD). Es una medición compuesta que toma en cuenta tres variables: salud (medida por la esperanza de vida), educación (medida por la tasa de alfabetización y la tasa de matriculación combinada) y renta (medida por el PBI per cápita ajustado).

Por último, el índice de Felicidad Nacional Bruta (FNB), propuesto por el Gobierno de Bután en 1974, pequeño país asiático que fue el primero en el mundo en hacer de la búsqueda del bienestar de su gente una política de Estado. Este indicador no se centra únicamente en el desarrollo económico, sino, y, sobre todo, en la cultura, la tradición y cuidado del medioambiente.

“No estoy en contra se seguir mirando con lupa las cifras de crecimiento del PBI; sin embargo, para que una sociedad, sea económica y socialmente viable, el crecimiento debe reflejarse en calidad de vida y bienestar, tanto individual como colectivo de la gente. La preocupación principal de los gobernantes debe ser el bienestar de sus ciudadanos. Este ideal puede ser realidad si hay voluntad política”, enfatizó el doctor Narváez.

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