Alberto Stella, coordinador de ONUSIDA en el Perú.

“En materia de prevención y tratamientos del VIH/sida, se han hecho grandes avances en los últimos años; sin embargo, el estigma, la discriminación y las inequidades de género son los principales obstáculos para cumplir con las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) 2030”, afirmó Alberto Stella Coor, coordinador para Perú del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida (ONUSIDA).

“La respuesta al VIH debe ser con una óptica de construcción de una nueva sociedad, porque en esta respuesta hablamos de derechos humanos y de las personas más vulnerables, siendo uno de los principales paradigmas de la agenda de los ODS que nadie se quede atrás”, refirió el especialista, quien participó en el simposio “Derechos humanos, salud mental y VIH/sida”, el 23 de noviembre en el auditorio de la Escuela Profesional de Ingeniería Geológica de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM).

En el marco de los ODS, la Asamblea General de las Naciones Unidas, en su declaración política sobre VIH/sida de 2016, planteó el compromiso del mundo de ir hacia el fin de la epidemia. “No es que el VIH desaparecerá, pero sí podríamos llegar al control de la epidemia; es decir, que no tenga la carga social, económica y de sufrimiento humano que aún hoy sigue teniendo”, expresó Stella.

Según explicó, este objetivo resulta razonable, ya que, a luces de las nuevas evidencias científicas, se sabe hoy, con absoluta certeza, que una persona, luego de tomar la sana y responsable decisión de hacerse la prueba y resultara que tiene VIH, dará inicio inmediato a la terapia antirretroviral. Esta actitud tendrá impacto, en primer lugar, en su salud, porque no habrá ningún deterioro de su sistema inmunológico y, por lo tanto, su sobrevida puede superar los 60 años después del diagnóstico, mientras que su calidad de vida podría ser equiparable a la de cualquier otro ciudadano.

El segundo impacto importante es que, al tener la infección controlada y la carga viral indetectable por los métodos de laboratorio, la persona no posee ninguna capacidad de transmitirla y, por consiguiente, menor será la circulación del virus y más difícil la eventualidad de nuevas infecciones.

Promotores de salud y miembros de grupos de voluntarios asistentes al simposio sobre VIH/sida.

Metas de los ODS

Para el 2020, el mundo se plantea el ambicioso objetivo de tratamiento 90-90-90, y, para el 2030, el 95-95-95. Esto significa que el 90 % de personas que vivan con VIH conozcan su diagnóstico; que el 90 % de ellas reciban terapia antirretrovírica, y que el 90 % de los que reciben terapia tengan la carga viral indetectable.

“De esta manera, lograremos disminuir el número de nuevas infecciones de 2 500 000 que poseemos en la actualidad al año en el mundo a 500 000. Y si luego vamos al 95-95-95, las habremos reducido a menos de doscientos mil, y podríamos decir que tendremos el control de la epidemia”, manifestó el Alberto Stella.

Sin embargo, advirtió que, si bien el 70 % de la población mundial que vive con VIH conoce su diagnóstico, poco más del 50 % tiene acceso a la terapia antirretroviral, y solo 42 % posee carga viral indetectable.

En el caso de Perú, los informes de ONUSIDA dan cuenta que se redujo significativamente los índices de mortalidad por VIH/sida debido a la aplicación de estrategias de prevención y control de la epidemia; pero aún hay alrededor de 74 000 personas viviendo con VIH, se generan alrededor de 3000 nuevas infecciones cada año y se producen más de 1800 muertes por año ocasionadas por causas relacionadas con el sida.

“Todavía tenemos una brecha importante en materia de prevención primaria y de tratamiento. De hecho, si hay 1800 muertes en la era moderna de terapia antirretrovírica, cuando ya nadie debe morir por sida, esto nos hace pensar que esas personas llegaron muy tarde al diagnóstico y contribuyeron, de alguna manera y sin saberlo, al mantenimiento de la epidemia”, lamentó el coordinador de ONUSIDA en el Perú.

En ese sentido, consideró que, si bien la ciencia responde a una serie de paradigmas nuevos que permiten vislumbrar el cumplimiento de las metas de los ODS, el requisito fundamental es el cambio social, definitivo hacia una cultura de derecho y hacia la universalidad de los derechos humanos.