Prolima investiga desde hace dos años monumentos a través de calas de color. Foto: Nat. Ch.

Aixa Figueroa, de la Escuela Profesional de Conservación y Restauración de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), viene participando, desde hace dos semanas, en una iniciativa que comprende el estudio y la recuperación de las superficies de las escaleras de trazo curvo localizadas en el Colegio Real San Felipe.

Esta iniciativa es parte del plan maestro en el que viene trabajando el Programa Municipal para la Recuperación del Centro Histórico de Lima (Prolima), desde hace dos años, para investigar monumentos, no solamente a nivel documental, sino también físico, a través de calas de color (caligrafías).

Así lo señaló Luis Bogdanovich, gerente de Prolima, durante una entrevista a San Marcos al día, tras indicar que buscan promover la recuperación y reconocimiento del Colegio Real por medio de la recuperación física de las superficies a fin de determinar cuáles eran los colores y los materiales originales del edificio.

Remarcó que vienen apoyando a San Marcos hace aproximadamente un año para que se pueda complementar el expediente técnico que se presentó a la comisión evaluadora (conformado por distintas carteras) con miras a su puesta en valor en conmemoración al Bicentenario de la República.

El proyecto de la UNMSM es que el Colegio Real se convierta en “un espacio multifuncional”, que sea utilizado por esta casa superior de estudios, el Congreso y la ciudadanía en general, para múltiples actividades

Colegio Real busca convertirse en “un espacio multifuncional”. Foto: Nat. Ch.

Colegio Real, patrimonio cultural

Ideado por el virrey Francisco de Toledo e inaugurado por su homólogo García Hurtado de Mendoza, un 28 de junio de 1592, el Colegio Real inició su vida institucional educando a los hijos de la nobleza española. Estaba adscrito a la Universidad de San Marcos y se regía por las normas de la misma. Ambas entidades compartían ciertas cátedras y maestros, y muchos de los alumnos universitarios residían en los claustros del colegio, adyacentes al entonces recinto sanmarquino.

“No existen seguramente personajes notables de aquellos tiempos, con destacada actuación en el Virreinato del Perú y las demás tierras de América española, que no hubieran estudiado en aquellos dos centros institucionales de elevados méritos”, señaló el historiador peruano Luis Antonio Eguiguren.

Cambios políticos hacia fines del siglo XVIII determinaron el cierre de los colegios reales. El de San Felipe y San Marcos, junto con el de San Martín —ubicado en otra parte de la ciudad—, fueron refundados en 1770 en el Real Convictorio de San Carlos, actual Casona del Parque Universitario. Años después, el local del ya disuelto colegio fue convertido en cuartel militar.

Con la independencia y el fin del Virreinato, el local de la universidad dio paso al Congreso de la República, y los ambientes del colegio, que servían de cuartel, cambiaron de uso a la Escuela de Artes y Oficios que fundara el presidente Ramón Castila en 1860. Así, se modificó la fachada a un estilo republicano neoclásico y se amplió la edificación a dos niveles; obras correspondientes a la relevancia de este nuevo centro de formación.

Un nuevo uso militar a fines de siglo marcó el término de una etapa de cambiantes ocupaciones del inmueble del Colegio Real hasta su inscripción a nombre de la UNMSM en 1906. Desde entonces, cambios urbanos, como el ensanchamiento del Palacio Legislativo y la prolongación del jr. Andahuaylas, determinaron sus actuales dimensiones. En 1972, el entonces Instituto Nacional de Cultura nominó al inmueble en su lista de Patrimonio Monumental de la Nación según la Resolución Suprema N.º 2900.