Renzo Morales Ortiz es egresado de la Facultad de Ciencias Económicas. En la foto, junto con el exdecano Guillermo Aznarán.

Por: Renzo Morales Ortiz, analista de información bursátil y bachiller en Economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNMSM.

En el presente artículo se analiza la función del ahorro previsional y su naturaleza como inversión de largo plazo. Además se esbozan cuáles serían las repercusiones del retiro de fondos previsionales en el marco de la actual crisis causada por la pandemia del COVID-19.

Dos de los eventos más importantes en la vida de cualquier persona son su inserción al mercado laboral y, posteriormente, su retiro del mismo. Como es evidente, a lo largo del periodo como trabajadores activos recibimos una remuneración, la cual nos permite solventar nuestros gastos de subsistencia. Por otro lado; al momento de pasar al retiro y dejar de percibir ingresos, las potenciales fuentes de subsistencia que tenemos son los ahorros acumulados y posibles rentas de activos en los que se haya invertido durante el periodo de vida laboral activa.

Es ahí donde surge una pregunta clave: ¿las personas ahorran pensando en su vejez? Lamentablemente la respuesta es no. La limitada educación financiera de la gran mayoría de la población de nuestro país es evidenciada en la escasa preocupación por el ahorro previsional (según datos de la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS), solo 3 de cada 10 peruanos realizan ahorros para su vejez). Debido a ello es que existen los regímenes de ahorro previsional obligatorio como el Sistema Nacional de Pensiones (SNP) y el Sistema Privado de Pensiones (SPP). Ambos sistemas tienen como objetivo garantizar que los trabajadores ahorren forzosamente parte de sus ingresos para poder usarlos en su etapa de retiro. Si no existiese este ahorro, las personas tendrían que ser acogidas por programas de asistencia social como Pensión 65.

Pensión 65 es el programa de asistencia estatal que refleja que los peruanos no ahorramos pensando en nuestra vejez. Por eso es importante no desvirtuar el fin del sistema de pensiones.

Tanto en el SNP como en el SPP, el ahorro de los afiliados pasa a formar parte de un fondo administrado por una institución especializada que los invierte en los mercados financieros, buscando obtener rentabilidades, las cuales, junto con sus aportes, les son devueltas al afiliado como pensión de jubilación llegado el momento de su retiro (en el Perú la edad legal de jubilación se alcanza a los 65 años). En el SNP los fondos son administrados por la Oficina de Normalización Previsional (ONP) y en el SPP, por las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP).

Actualmente la sociedad global está viviendo una de las crisis sanitarias más fuertes de la historia: la pandemia de COVID-19. El número de víctimas mortales de esta nueva cepa de coronavirus continúa acrecentándose y además gran parte de la actividad económica de países tanto desarrollados como emergentes se ha paralizado. Sumado a ello, el aislamiento social obligatorio impuesto por el Gobierno Peruano, como medida para paliar la propagación de la enfermedad, ha provocado que gran parte de la población vea comprometidas sus fuentes de ingreso. Pese a que el Gobierno ha destinado transferencias directas (bono de S/ 380, entrega de víveres), los esfuerzos continúan siendo insuficientes y ha surgido -como suele suceder en tiempos de crisis- en un grupo de políticos la propuesta de permitir el retiro de una parte de los ahorros previsionales de los afiliados para que éstos puedan ser destinados a afrontar este periodo de necesidad.

Tal propuesta, aunque no sea evidente, es perjudicial tanto para los afiliados como para la economía nacional. La propuesta de retiro de fondos ha sido bien recibida por la población que ve en sus cuentas de capitalización como el valor de sus ahorros ha disminuido. La percepción general es que han perdido su dinero, sin embargo esto no es así. Lo que ha sucedido es que el valor de sus ahorros se ha desvalorizado. Cómo se mencionó antes, las AFP invierten el dinero de los afiliados en distintos instrumentos financieros (acciones, bonos, depósitos a plazo, etc.) los cuales forman parte del fondo. La actual pandemia ha impactado a los mercados bursátiles y ha provocado que el valor de los instrumentos de inversión disminuya, y por ende también el valor de los fondos ha disminuido. Sin embargo, la desvalorización no se convierte en pérdida sino hasta que los instrumentos se venden. El retiro de fondos de las AFP provocaría que estas tengan que vender esos instrumentos desvalorizados, los cuales por la presión de oferta se desvalorizarían todavía más. Una vez realizada la venta, la pérdida se materializaría y el perdedor sería el afiliado.

El retiro de los fondos de los programas pensionarios se reflejaría en una pérdida aún mayor del capital ahorrado. Además de varios efectos en la economía del país.

No vale la pena retirar los fondos pues, como en todos los episodios de la histórica económica, luego de superada una crisis los mercados financieros repuntan hasta recuperar y superar sus niveles previos (por ejemplo, tras el desplome de la crisis financiera internacional de 2008 se vivió un rally bursátil). Es esa la naturaleza cíclica de los mercados financieros, hay épocas de subida y otras de caída pero a largo plazo la tendencia es alcista. Entonces, ¿la desvalorización de los ahorros de los afiliados es culpa de la AFP? No, los mercados bursátiles han reaccionado fuertemente a la baja y ello ha impactado tanto en los fondos de pensiones así como en el mundo de las inversiones en general. Es más, tomando como ejemplo el valor cuota del Fondo 2 (aquel en el que la mayoría de afiliados tiene sus ahorros), este se ha desvalorizado durante marzo hasta su nivel de hace 12 meses (es decir, en un mes su valor ha caído todo lo que había avanzado en un año); sin embargo, el índice S&P 500 -que es probablemente el índice bursátil más importante del mundo- ha retrocedido hasta su nivel de hace 18 meses. Esto se debe a que los fondos que administran las AFP son fondos diversificados, lo cual es una característica positiva para la gestión de los ahorros previsionales. Por otro lado, desde 1993 (año de su creación) hasta hoy la rentabilidad anualizada en dólares del Fondo 2 es superior al 9%, mientras que -en el mismo periodo- la del S&P 500 se encuentra ligeramente por encima del 7%, lo cual demuestra que el componente de rentabilidad que han obtenido las AFP es significativo. Por último, según cifras de la SBS, el SPP actualmente administra S/ 148,271 millones, de los cuales S/ 58,887 (40%) corresponden a aportes de los afiliados y S/ 89,384 (60%) corresponden a la rentabilidad obtenida por los fondos desde agosto de 1993.

Las AFP tienen el 56% de los fondos invertidos en instrumentos locales y el 44% restante en instrumentos extranjeros. De proceder el retiro del 25% de fondos de las AFP (para entregar el dinero a los afiliados) estas tendrían que vender parte de la cartera administrada. En el caso de vender activos locales debe considerarse que el 24% del total de los fondos está invertido en bonos del Gobierno. De darse una venta masiva de bonos del Gobierno se produciría una sobreoferta que presionaría su precio a la baja y encarecería el costo de financiamiento del Gobierno a largo plazo, lo cual afectaría negativamente las posibles fuentes de endeudamiento del mismo para reactivar la economía después de superada la crisis del COVID-19. Asimismo, si se vendieran acciones locales, que cotizan en la Bolsa de Valores de Lima (BVL), el efecto negativo sería similar: presión de sus cotizaciones a la baja, hundiendo más la valorización del valor cuota de los fondos para aquellos que no opten por el retiro. Por otro lado, si se venden activos extranjeros el mercado local no se afectaría directamente pero si se produciría un efecto colateral –aunque en menor cuantía– derivado de la menor demanda futura por aquellos activos que no se han vendido, es decir, los locales, lo cual podría animar a los inversionistas extranjeros a liquidar posiciones en nuestro país. Además, debemos considerar que las AFP son entes regulados por la SBS y sus carteras deben cumplir con diversos criterios como límites de inversión, entre otros; por lo que tarde o temprano se debería producir un ajuste que desataría alguno de los efectos anteriormente mencionados.

Según el analista sanmarquino, es importante que los trabajadores tengan un fondo que permita su autosuficiencia durante su retiro, de lo contrario generará un problema grave en la vida del jubilado.

Finalmente, -y quizás- el argumento más fuerte en contra del retiro de fondos tiene que ver con la naturaleza del ahorro previsional: el futuro. Para ello veamos algunos cálculos de matemática financiera. Según las estadísticas de la SBS, el rendimiento anualizado histórico en soles del Fondo 2 es 10.62%; sin embargo, para ser un poco más conservadores tomemos únicamente el rendimiento anualizado de los últimos 10 años, el cual es 5.96% (este periodo incorpora el efecto tanto de la crisis financiera de 2008 como el de la actual). Por lo tanto, si asumimos que una persona de 30 años –a la que le restan 35 años antes de su jubilación– decide retirar hoy S/ 2,000 de su fondo, al momento de jubilarse habría dejado de acumular S/ 15,170. Adicionalmente, si se considera que al jubilarse decide recibir pagos mensuales (que capitalizan 3.25% anual, como un depósito bancario a plazo fijo), esto se traduciría en que dejaría de recibir S/ 138 cada mes por los próximos 132 meses (asumiendo una esperanza de vida de 76 años; es decir, 11 años después de jubilarse). Ni que decir si en vez de retirar S/ 2,000 se retiran S/ 12,900 (como plantea la medida de retiro del 25% de los fondos en las AFP), en cuyo caso se dejarían de acumular S/ 97,850 y al jubilarse se recibirían S/ 880 mensuales menos por los próximos 11 años. El costo de retirar el dinero es muy elevado pues este incrementa su valor en el tiempo.

Por lo tanto, retirar el dinero que es administrado por las AFP no sería una decisión coherente pues perjudica principalmente al afiliado y además, también a la economía. Los ahorros previsionales son para el futuro, intentar disponer de ellos antes de la jubilación es desvirtuar su naturaleza. Sin embargo, no se puede soslayar el hecho de que muchas personas están pasando momentos difíciles debido a la crisis del COVID-19, por lo que permitir el retiro de S/ 2,000 de los fondos de aquellos afiliados que no han realizado aportes en los últimos seis meses sí es una medida adecuada. Por otro lado, para los casos estrictos de aquellas personas que realmente se encuentran sin recursos para afrontar esta difícil temporada, el retiro parcial de los fondos podría ser una alternativa, pues no tendría sentido pensar en el futuro si no se puede subsistir en el presente. No obstante, el afiliado debería considerar retirar solo la cantidad de dinero estrictamente necesaria para su subsistencia mientras dure este periodo de crisis sanitaria. Posturas como las del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), que señala que podrían realizarse retiros mensuales de S/ 1,000 resultan sensatas.

Aunque actualmente la discusión gira en torno a las AFP, no debemos olvidar que lo más importante es asegurar que los trabajadores activos posean ingresos para subsistir una vez que se retiren del mercado laboral, y por ahora -ante la escaza cultura de ahorro previsional en la mayoría de la población peruana- el ahorro forzoso es la opción más factible. No obstante, promover una reforma del Sistema de Pensiones, que beneficie a los afiliados, es plausible; sin embargo, esta debería realizarse con fundamentos técnicos y no basada en discursos estrictamente políticos. Por último, las AFP tienen un gran trabajo de comunicación que realizar para con sus afiliados y líderes de opinión pública pues, como es evidente, muchos de ellos no comprenden el trasfondo del ahorro previsional.