El sistema educativo debe estar articulado, integrado y comprometido con las políticas de Estado. Foto: Difusión

Por: Miguel Inga Arias, profesor principal de la Facultad de Educación, investigador, y responsable del Grupo de Investigación: Conocimiento y Desarrollo.

Esta pandemia ha visibilizado la crisis educativa universitaria del país, particularmente de la universidad pública, la cual se agrava cuando tenemos que resolver el desarrollo de las clases en este año 2020, lo cual implica afrontar con creatividad los siguientes retos:

  1. Formación universitaria debe desarrollar competencias académicas, profesionales y sociales

La universidad peruana es todavía muy conservadora; recién se están trabajando currículos y sílabos por competencias aunque sin muchas convicciones respecto a ellas, pues la transferencia de información se sigue asumiendo como “conocimiento” y de allí que se siga hablando de “dictado de clases”. Un ejemplo clarísimo de esto fue la resistencia inicial que tuvo la prueba de Destrezas Cognitivas (DECO) diseñada para el examen de admisión de la UNMSM, que fuera ideada y elaborada por los docentes sanmarquinos Miguel Inga Arias, Raymundo Casas Navarro y Gonzalo Pacheco Lay.

Las competencias son las habilidades que nos permiten resolver problemas a partir de contextos y situaciones reales, lo cual implica la conjunción de informaciones, estrategias y responsabilidades con la sociedad y la naturaleza.

Una clase que busca promover competencias presenta tres momentos: Primero, genera conflictos cognitivos a través de situaciones o preguntas problematizadoras (se pone en cuestionamiento lo asumido como verdades); las posibles respuestas dadas por los estudiantes responden a los saberes que tienen hasta ese momento, las cuales serán corroboradas, replanteadas o reformuladas a través de la búsqueda de información obtenida de libros, revistas, periódicos, Internet (textos, audios, videos), informantes, etc. Segundo, esta búsqueda permitirá compartir informaciones que serán procesadas, a través del aprendizaje colaborativo, lo cual permitirá que la construcción de su conocimiento, es decir, sus hipótesis tengan plausibilidad y mayor rigor científico. Tercero, estas tesis luego serán confrontadas (ya no individualmente, sino entre grupos) a través de la discusión controversial, donde además de los argumentos científicos se evalúa las competencias comunicativas y sociales, fundamentales para la forja de valores éticos y ciudadanos. Finalmente, el docente sintetiza los argumentos más sólidos para establecer un cierre común y encauzar la “curiosidad científica” abriendo otros campos con otras interrogantes y proponiendo la búsqueda de otras informaciones que ya procesadas serán llevadas al aula para los consiguientes debates y demostraciones sucesivamente. Las estrategias que mejor se ajustan para el desarrollo de las competencias son el aprendizaje basado en problemas (ABP), el aprendizaje basado en proyectos (ABProy), los estudios de casos, el flipped classroom, que requieren soportes virtuales como un gran complemento para la generación de conocimientos.

 

  1. Equidad en la conectividad

La universidad pública no ha implementado un sistema que garantice la conectividad como institución y tampoco la ha promovido en docentes y estudiantes. No se ha entendido que lo presencial y lo virtual no son excluyentes, incluso lo más conveniente es que se complementen (semipresencial). Lamentablemente, no se toma conciencia que esta pandemia nos está planteando no solo nuevas formas de vida; también nuevas formas de enfocar la acción educativa. En consecuencia, no se puede seguir pensando en clases con horarios tradicionales y rígidos, cuya única diferencia sea su virtualidad. La educación virtual tiene sus propias características como son los dos tipos de comunicación (sincrónica y diacrónica), flexible y autónoma, tal como lo resalta la especialista Liliana Muñoz Guevara (responsable de la Red Estrado en el Perú). (Que quede claro: no hay “recuperación de horas”, lo que hay es nuevas estrategias para lograr las competencias propuestas.  

El docente sanmarquino explica que esta pandemia ha visibilizado la crisis educativa universitaria del país. Foto: Difusión

Además, debemos tener en cuenta que cada día se inventan nuevas herramientas virtuales que podrían permitirnos trabajar con nuestros estudiantes los momentos del conflicto cognitivo y de la discusión controversial a distancia (tecnologías 3.0 y 4.0). Sin embargo, hay un problema, por un lado, algunos docentes y estudiantes con problemas para el acceso y la calidad del servicio de Internet, ya sea por computadoras sin soportes necesarios o problemas de vivir en zonas con la señal muy endeble; por otro lado, el caso de docentes de mayor edad, principalmente, quienes carecen de competencias digitales o las tienen, pero en forma muy elemental.

Frente a esta particular situación, sugiero la siguiente propuesta:

  1. Los docentes podrán trabajar el primer momento de la sesión o unidad de aprendizaje en forma virtual a través de foros en la primera semana de clases. Allí se constituirán los equipos de trabajo que presentarán sus proyectos o productos sustentados en un significativo procesamiento de información, para lo cual contarán con dos semanas aproximadamente (segundo momento de la unidad didáctica).
     
  2. Los docentes trabajarán el tercer momento del desarrollo de competencias en forma presencial (discusión controversial), ya sea en la tercera semana unos cursos y otros en la cuarta semana para evitar confluencia de personas; además en cada hora de clase, solo dos grupos de la sección (aproximadamente diez estudiantes) participarán de la demostración, sustentación y debate. Lo cual implicaría que, durante tres horas, el docente pueda evaluar capacidades y actitudes de treinta estudiantes, por ejemplo.
     
  3. En el caso de los docentes de “alto riesgo” (ya sea por tener más de sesenta años o alguna enfermedad crónica), quienes de acuerdo a los protocolos establecidos por la SUNEDU y la universidad solo podrán hacer teletrabajo tendrían que contar con  ayudantes de cátedra que conducirían las horas presenciales y, además, serían sus soportes en las herramientas virtuales ya que, de acuerdo a las estadísticas, los profesores de mayor edad son quienes tienen más limitaciones en el manejo de las herramientas virtuales. Esto permitiría dar oportunidades a nuestros estudiantes más destacados para lograr la experiencia que les permita, posteriormente, asumir las cátedras universitarias de acuerdo con la normatividad vigente.
     
  4. En el caso donde las herramientas virtuales permitan trabajar todos los momentos del aprendizaje significativo de asignaturas, estas se podrían desarrollar totalmente a distancia; para lo cual se debe tener en cuenta la misma flexibilidad horaria de la modalidad semipresencial, ya que la evaluación se debe realizar a través de productos de los estudiantes.
     
  5. Continuar con las capacitaciones de plataformas y herramientas virtuales, pues las capacidades digitales enriquecen significativamente el trabajo de desarrollo de competencias. Además, es urgente la alfabetización digital para ingresar a la sociedad de la información y, sobre todo, a la llamada sociedad del conocimiento teniendo como fines la formación profesional, con soportes académicos, científicos y humanísticos, con responsabilidad social (contribución con el desarrollo nacional y rendición de cuentas a la sociedad peruana).
     
  6. Respecto a la evaluación de competencias (operacionalizadas en capacidades e indicadores), es permanente e integral, por lo cual no debe establecerse fechas de exámenes. Cada docente, de acuerdo a la naturaleza de sus asignaturas, evaluará las evidencias y los productos, a través de instrumentos de evaluación, principalmente rúbricas, donde estarán establecidos los indicadores de desempeño.
     
  7. En caso de estudiantes que tuviesen problemas de conectividad, la universidad le debe darles las garantías necesarias para que puedan trabajar en los laboratorios de la institución, teniendo en cuenta los protocolos de seguridad.
     
  8. Es fundamental que la universidad garantice la investigación formativa, el servicio virtual de calidad y  ofrezca alternativas a los estudiantes que carezcan de herramientas tecnológicas para acceder al servicio educativo, esto es puesto de manifiesto constantemente por la SUNEDU y reconocidos especialistas como César Guadalupe Mendizábal y Jorge Jaime Cárdenas (CNE), así como Ricardo Cuenca Pareja (IEP).

En conclusión, ante esta terrible pandemia que padecemos, por resiliencia, tenemos la oportunidad de reconstruir nuestra patria a través de la creación de sistemas interconectados formales y democráticos, basados en la equidad y la inclusión (de salud, de educación, de justicia, por ejemplo) que permitan, en conjunto, mejorar la calidad de vida de peruanos y peruanas.

Asimismo, el sistema educativo debe estar articulado (educación básica, superior tecnológica productiva, superior universitaria), integrado (y no mentalidades de corte feudal) y comprometido con las políticas de Estado para contribuir a la forja de un proyecto de país que valore nuestros aportes culturales y permita  insertarnos con el mundo (nuestra casa común), para lo cual se debe reimpulsar el Acuerdo Nacional y fortalecer el Consejo Nacional de Educación, dándoles carácter vinculante a sus acuerdos.