No hay que pasar por alto los efectos del desplome de las Bolsas de Valores en el mundo por la pandemia. Foto: Agencias

Por: Alejandro Narváez, doctor en Ciencias Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid y profesor principal de Finanzas de la UNMSM.

Las consecuencias económicas del coronavirus (COVID -19) en la economía de nuestro país son muy difíciles de predecir. ¿Cuánto tiempo más estará con nosotros? ¿Cuánto daño causará en la economía de las familias? No lo sabemos. Lo que sí está claro, es que, más pronto que tarde se irá el virus, y eso depende de nosotros. Mientras tanto, hay que cuidar nuestras finanzas personales, con más esmero que en una situación normal.

Tampoco hay que pasar por alto los efectos del desplome de las Bolsas de Valores en el mundo por la misma causa. Las familias que tienen sus ahorros invertidos en los fondos mutuos o en los fondos administrados por las AFP, se están empobreciendo, porque sus inversiones que cotizan en esas bolsas han caído, es decir, valen cada vez menos.

En este escenario de incertidumbre y ante la amenaza de una profunda recesión económica mundial, aquí te propongo 4 tips que pueden ayudarte a gestionar mejor tus finanzas personales en estos tiempos de crisis.

1. Prepara tu presupuesto de crisis

En tiempos de crisis resulta clave tener una buena planificación financiera. Ordenar la entrada y salida del dinero es crucial.  No se puede controlar aquello que no se conoce, por lo tanto, la primera recomendación es preparar tu presupuesto familiar de crisis. Este presupuesto ha de ser una herramienta de trabajo que puedes elaborar fácilmente a partir de tus ingresos y gastos mensuales para prever y planificar tus finanzas personales.

El presupuesto es una herramienta muy útil que te ayudará a tomar las riendas de tus finanzas y descartar conjeturas, ya que elimina el estrés que implica el no saber con exactitud cómo están tus cuentas y qué es lo que puedes permitirte gastar cada mes y cuáles gastos son innecesarios o prescindibles, para tener tu presupuesto equilibrado. Hacer un presupuesto familiar es muy sencillo. Para empezar, sólo necesitas una hoja, un lapicero y una calculadora. Luego, hacer un cuadro que tenga dos columnas: una de ingresos y otra de gastos y establecer la diferencia. Así de fácil.

No valen, suposiciones o rápidos cálculos mentales. Haz el presupuesto con datos concretos en blanco y negro, y muy detallados. Si no sabes cuánto gastas, difícilmente sabrás si ahorras o no, y en qué cantidad. Una vez elaborado tu presupuesto, podrás comprobar mes a mes si tus estimaciones se cumplen o hay desviaciones que debes corregir inmediato. El presupuesto debe hacerte sentir que controlas tu vida financiera.

2. Mira de cerca tus deudas

Endeudarse conlleva obligaciones, y el no cumplirlas te puede generar un verdadero dolor de cabeza en el futuro. Mi intención es advertirte de los riesgos en los que incurres si tu capacidad para devolver las deudas disminuye sobre todo en estos tiempos de crisis. Cuando nos endeudamos, lo hacemos con el convencimiento de que no tendremos ningún problema en cancelar la deuda poco a poco. Pero, sabemos que la vida da muchas vueltas, y no todas siempre son a nuestro favor, como nos ocurre con este “cisne negro” del coronavirus.

Hay un escenario de incertidumbre y ante la amenaza de una profunda recesión económica mundial. Foto: Agencias

Si tienes deudas, lo ideal sería cancelar todas, pero en tiempos de crisis, esto es muy difícil. No obstante, intenta cancelar tus deudas más caras, es decir, aquellas con tasas de interés leoninas o más altas. Normalmente, las deudas más caras son: las tarjetas de crédito, los créditos de consumo, los créditos vehiculares, el préstamo personal, el crédito hipotecario, en este orden. Si no puedes cancelar tus deudas, procura amortizar lo máximo que tu economía te permita en el corto plazo, para evitar más intereses y cobros por moras. No contraigas nueva deuda, sobre todo si son con tarjetas de crédito o de consumo, hasta que se recupere la normalidad económica.

Gracias al coronavirus los bancos están un poco “generosos”. Como muestra de ello, los deudores tienen en este momento varias opciones favorables antes de entrar en el registro de morosos (Infocorp):

a) Refinanciar la deuda para extender el periodo de pago y reducir cuotas.

b) Reprogramar la deuda, lo que te permite retrasar pago de cuotas (periodos de gracia) sin pago de intereses.

c) Consolidar deudas, lo que significa unificar deudas que tienes con distintos bancos y eso ayuda reducir tasas.

d) Si tienes deudas en dólares y tus ingresos son en soles, debes cambiar tu deuda a soles, si el banco no acepta el cambio puedes acudir a otra entidad para que compre tu deuda. Siempre hay salidas.

Tienes que ser proactivo y contactar de inmediato con tu banco o sectorista, porque ellos no te van a llamar para ofrecerte la ayuda que necesitas. Si hace falta, lleva tu presupuesto familiar para argumentar la renegociación de tu contrato. No te olvides. En todos los casos tu principal objetivo es, bajar la tasa de interés de tu deuda al mínimo y conseguir ahorros significativos.

Tampoco te engañes, la refinanciación o la reprogramación de tus deudas no son la panacea a tus problemas financieros, es un parche temporal que te va a permitir respirar más tranquilo por un tiempo. Pero si no solucionas la raíz del problema, en poco tiempo volverás a estar en una situación difícil. Asumir deudas por encima de nuestra capacidad de pago, es casi siempre, el origen de los problemas económicos en la familia, como lo es, en las empresas. Hay que evitarlo a toda costa.

Nota: En un periodo tan duro como el que se vive, lo recomendable sería condonar las deudas por el tiempo que dure la pandemia. Reprogramar o refinanciar obligaciones, sólo alargan la penuria de la gente de escasos ingresos. Debe ser lo mismo con el pago de los servicios básicos (luz, agua, teléfono e internet) de las familias pobres y de aquellos que han perdido su empleo. Las ayudas efectivas de los bancos, las grandes empresas y del gobierno deben apuntar en esta dirección.

3. Lo que debes hacer con tus inversiones

Algunas familias tienen ahorros y eso está muy bien. Se han sacrificado consumiendo menos en el pasado para invertir en ciertos activos o productos financieros, como: depósitos a plazo fijo, fondos mutuos, acciones, bonos, criptomonedas (Bitcoin), etc. y también han aportado a las AFPs (voluntaria u obligatoriamente) que a su vez están invertidos en algunos de estos productos financieros. Sin embargo, en un cerrar y abrir de ojos, el valor de esas inversiones cayó como consecuencia del desplome de las bolsas del mundo. ¿Qué hacer en este momento? Antes de mover fichas, permítanme compartir algunas reflexiones.

Las consecuencias económicas del COVID -19 en la economía de nuestro país son muy difíciles de predecir. Foto: Difusión

Mientras no vendas tus inversiones no se materializa la pérdida, así que, si pasado un tiempo se recupera tu inversión y recuperas el dinero invertido, te sentirás aliviado. En cambio, si decides vender y colocas ese dinero a otro tipo de inversión que te haga recuperar tu capital inicial, la sensación que te queda es agridulce, ya que, por un lado, has ganado, pero, por otro, no se te olvida que antes habías perdido al venderla.

Los seres humanos somos optimistas por naturaleza. Ser optimista significa creer que la teoría de la probabilidad nunca va a jugar en nuestra contra y, sí, siempre a favor. Pero cuando se trata de dinero hay que tener claro que, un exceso de optimismo puede generarnos problemas por el hecho de alimentar expectativas irreales o de llevarnos a ignorar los riesgos de pérdida. Es esto, precisamente, lo que nos empuja a no dedicar tiempo suficiente a analizar las opciones de inversión en la que podemos colocar nuestros sacrificados ahorros, ya que confiamos en nuestra intuición a la hora de decidir, independientemente de lo que opinen los expertos en la materia.

Teniendo en cuenta que la inversión es una carrera de fondo, no debes perder la paciencia. Analizar serenamente lo que mejor te conviene: mantener tu portafolio (o cartera actual) o mover fichas. Si decides cambiar tu portafolio, las entidades financieras te ofrecen una enorme gama de productos financieros alternativos, como: los fondos mutuos, desde los muy conservadores hasta los más arriesgados o agresivos. En esta coyuntura, también tienes la opción de migrar de un fondo a otro más conservador, esto mismo puedes hacer con tus fondos que tienes en las AFP. Objetivos: rentabilidad y seguridad.

No recomiendo tener ahorros en efectivo, salvo montos pequeños para imprevistos, ya que éstos no ganan intereses. En cambio, los depósitos a plazo fijo, recomendables para los más conservadores, ofrecen tasas atractivas dependiendo del monto, los plazos, la entidad financiera, el tipo de divisa y el medio mediante el cual haces la operación (banca virtual o agencias).  Como todo, las tasas hay que negociarlas y compararlas con otras opciones que hay en el mercado. Por lo último, no soy partidario de “invertir” en dólares actualmente, porque nadie sabe cuál será el impacto en el precio del dólar en el futuro, de los 6 billones de dólares que acaba de inyectar el gobierno norteamericano a su economía.

4. Gasta menos de lo que ganas

Independientemente de cuál sea tu nivel de ingresos, siempre vas a formar parte de una de estas categorías: gente que gasta más de lo que gana y que tiene que acumular deudas, gente que gasta todo lo que gana y no puede ahorrar nada o del grupo de gente que ahorra un porcentaje de sus ingresos mensuales. Dígame sinceramente, ¿en qué categoría estas? Si formas parte del último grupo ¡en hora buena! Ahorrar no es sólo guardar, sino también saber gastar, dice una frase anónima.

En periodos de bonanza o crisis, todos debemos acostumbrarnos a vivir de acuerdo a nuestras posibilidades, y eso requiere gastar menos de lo que ganamos e invertir nuestros ahorros de manera inteligente. Cepillarse los dientes, tener una dieta equilibrada, leer noticias, hacer deportes con regularidad, etc. son todos buenos hábitos de cuidado personal.

Pues bien, gastar menos de lo que ganas y ahorrar lo suficiente para alcanzar tus objetivos de incrementar el patrimonio familiar, son equivalentes financieros de dichos hábitos. El ahorro es una especie de seguro económico para eventualidades y para acometer nuevas inversiones, como lo es, el seguro de salud o seguro de vida. “Cuida de los pequeños gastos, un pequeño agujero hunde un barco” (Benjamín Franklin).