En horas de la mañana dejó de existir el reconocido historiador y docente sanmarquino Miguel de los Santos Maticorena Estrada. Sus restos serán velados en el Salón de Grados del Centro Cultural de San Marcos.

El profesor Miguel Maticorena ejerció la cátedra universitaria en nuestra alma máter desde 1971 hasta 1998. Destacó por su fecunda obra histórica, reconocida internacionalmente, labor que desarrolló especialmente como redactor de la revista Estudios Americanos (Sevilla). También se caracterizó por su infatigable búsqueda de documentos inéditos para iluminar la historia del Perú, como los manuscritos de La Florida del Inca, de Garcilaso de la Vega; y el Testamento de Pedro Cieza de León, entre otros. Asimismo, trabajó durante veinte años en el Archivo General de las Indias (Sevilla), en España.

En cuanto a su labor de difusión en el ámbito histórico, desde 1991 ha sido el principal promotor del Coloquio de Historia de San Marcos, encuentro anual que ha contado con la participación de unos 500 profesores y egresados, quienes han cubierto un amplio temario que va desde los inicios de San Marcos hasta la universidad actual. Todos los aportes han servido para conocer un poco más la historia de la Decana de América.

También, desde 1994 ha organizado y promovido el Coloquio de Lima, que todos los años congrega a historiadores e investigadores interesados en conocer aspectos inéditos de nuestra ciudad, incentivar investigaciones y establecer relaciones entre los especialistas y el público interesado en el pasado y presente limense.

Esta fructífera labor en aras del conocimiento histórico de nuestra alma máter y de la ciudad de Lima, además de su contribución en la formación de historiadores egresados de la Decana de América, le valieron para ser reconocido en el 2011 con la Medalla de Honor Sanmarquina. Durante el discurso de orden, el historiador Pablo Macera aseveró que Miguel Maticorena es "“uno de los historiadores más originales y sobresalientes de la segunda mitad del siglo XX”.

Profesor Miguel Maticorena Estrada, ¡descanse en paz!