

Basadre Historiador
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Por: Marcel Velásquez C. **
La Universidad Nacional Mayor de San Marcos acogió en sus aulas a varias generaciones de intelectuales, cuyas obras en muchos casos aún están por ser leídas. Entre éstos, Jorge Basadre es un autor central para pensar nuestros problemas como país e intentar soluciones. El actual rector de esa casa de estudios, también historiador, Manuel Burga, destaca en la siguiente conversación aspectos actuales y necesarios del autor de Perú, problema y posibilidad.
La infancia
es la patria más entrañable del hombre. ¿Cómo
pudo haber influido en la obra de Basadre su experiencia infantil en la
Tacna cautiva?
-Creo que los nueve años que pasó en Tacna (1903-1912) fueron
decisivos para su proyecto intelectual futuro. Aquí hay dos elementos
importantes que se conjugan: por un lado, la experiencia del cautiverio
y, por otro, el hecho de que él formaba parte de una antigua familia
local en la que, por la línea paterna, había algunos que eran
historiadores como Modesto Basadre. Esta conjugación de vivir la
infancia en un territorio ocupado, y formar parte de una familia que había
cultivado y desarrollado la memoria, hizo que la infancia de Jorge Basadre
constituyera un estímulo central en lo que sería su proyecto
posterior. Existe un parangón en la historia peruana: Garcilaso Inca
de la Vega. Él vivió sus primeros 19 años en el Cusco,
rodeado de sus tíos maternos, que eran generales del ejército
inca que se preguntaban constantemente por qué los incas habían
sido derrotados. Probablemente los familiares que rodeaban al niño
tacneño se hacían la misma pregunta. El proyecto intelectual
del Inca Garcilaso intenta contestar esa pregunta en el contexto del Renacimiento,
en el que el género histórico era la crónica, que no
se exigía fidelidad en el relato. En el siglo XX ya existía
la disciplina de la historia; Basadre contestó a esa pregunta escribiendo
sobre la viabilidad y posibilidad de la nación peruana.
Macera consideraba
que en la Historia de la República la narrativa del destino truncado
y de las oportunidades perdidas que define nuestra historia republicana
era contrapesada por una excesiva afirmación de ciertas figuras centrales
que condensaban proyectos valiosos. ¿Cómo observa este juego
especular de sombras y luces?
-Es razonable la opinión de Pablo Macera, pero agregaría que
no hay una contraposición. Ante el enorme impacto que significó
la derrota de la guerra y las enormes dificultades que se vivieron en el
Perú después de 1929, la respuesta de Basadre incluyó
también hacer una ucronía: narrar paralelamente la historia
que se desarrolló y aquella que pudo desarrollarse, que pudo ser
mejor. Aquí están ciertos personajes paradigmáticos
como el mariscal Castilla, constitucionalista e introductor del liberalismo;
Cáceres en la resistencia; el segundo gobierno de Piérola
y otros que son representativos de un Perú que pudo ser mejor para
el desarrollo de una nación peruana con mayor equidad y bienestar
para todos.
"El
Perú es un país superdotado de historia", sostuvo Basadre.
Sin embargo, no es difícil observar que nuestra memoria como comunidad
es casi insignificante: tenemos mucho pasado y poca memoria. ¿Cómo
se desarrolla en nuestra sociedad la dialéctica entre memoria e historia?
-Todas las sociedades, al construir sus memorias tratan de recordar
lo mejor, por lo que olvidan aquello que no es congruente con las necesidades
del presente ni del futuro. Sin embargo, en el Perú hemos construido
una historia en la que se enfatizan los momentos trágicos: hay un
enorme interés en la Conquista, en el período colonial y hay
un delgado interés por los momentos más cercanos a nuestra
historia, que son los más importantes en función del futuro.
¿Desde
la filosofía de la historia es posible trazar períodos en
la obra del historiador?
-Considero que hay un primer Basadre, el de La multitud, la ciudad y el
campo (1928), La iniciación de la República (1929) y Perú,
problema y posibilidad (1931). En estos años, el historiador, desde
una posición socialista, se inscribe en una historia científica
que pretende resolver los problemas. Así, construye una interpretación
de la historia pensando en la relación entre explotados y explotadores.
Sin embargo, a partir de 1939, cuando se publica la primera edición
de Historia de la República, hasta 1979, cuando se publica la última
edición, hay un cambio que va del Basadre socialista, cuya concepción
histórica descansaba en la interpretación, hasta uno cuya
concepción de la historia se fundamenta en la evidencia histórica.
Esta transformación es una respuesta a los cambios ocurridos en el
mundo, al desgaste de los ideales de la Reforma Universitaria, a la crisis
permanente del Perú, al tercer militarismo y al empobrecimiento de
las clases medias. Asistimos a la transformación de un historiador
con vocación de intérprete, a un presentador de la historia
con pretensiones objetivas sustentadas en el dato y en el documento.
Este
desplazamiento de Basadre puede enmarcarse en una problemática mayor
que abarca a la Generación del Centenario y a lo mejor a la Generación
del 900: luego de los libros capitales de Riva-Agüero, García
Calderón, Basadre, Haya y Mariátegui, se abandona la posibilidad
de pensar integralmente al Perú. Las generaciones de intelectuales
posteriores no han podido igualar estos esfuerzos
-Entre 1907 (El Perú contemporáneo) y 1931 (Perú, problema
y posibilidad) se publica también un conjunto de libros -El antiimperialismo
y el APRA y 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, entre
otros- que buscaban una explicación a las frustraciones del Perú
y apostaban por un proyecto nacional. Hay una suerte de filiación
entre el libro de García Calderón y el de Basadre, pese a
las diferencias políticas en ambos hay una apuesta afirmativa por
el Perú. En cambio, en el libro de Haya de la Torre y en el de Mariátegui
hay una crítica a la historia transcurrida y una propuesta de nuevo
país pensado de una manera radicalmente diferente al que realmente
existía. Todas ellas son propuestas globales de país, un antecedente
semejante sólo lo encontramos en 1614 con la Nueva crónica
y buen gobierno, de Guamán Poma. El silencio de estas propuestas
integrales de buen gobierno se vuelve a romper a mediados de la década
de 1970 con propuestas como la cholificación del país: el
Perú como una economía que había que formalizar o como
un país que había que rehacer desde la presencia de las multitudes
andinas.
Usted
comentó en una ponencia que la relación entre su generación
de historiadores y la obra de Basadre fue peculiar y tardía. ¿Puede
explicarnos este aspecto?
-Esa pregunta podría formularla de una manera diferente: ¿por
qué Basadre no invitó a nuestra generación a acercarnos
a su estudio? La respuesta presenta dos aspectos, a diferencia de la generación
del 50 que era una bisagra entre posiciones nacionalistas y socialistas,
mi generación definitivamente quería construir un Perú
socialista, y no un Perú tal como lo entendía Basadre o García
Calderón. En segundo lugar, la historiografía de la década
de 1960 alcanzó un mayor profesionalismo historiográfico.
Todos intentaron negar a los maestros y descalificar los esfuerzos anteriores
con el membrete de "historia tradicional". ¿Por qué
no fuimos capaces de entender que lo que él quería era la
construcción de la nación peruana y que se debía caminar
en esa dirección? Esa es una acuciante pregunta todavía vigente.
En
su libro, escrito junto con Flores Galindo, Apogeo y crisis de la República
aristocrática, agradece a Basadre en el prólogo
-Basadre murió en 1980 y nosotros nos acercamos tardíamente,
en 1978. Tuvimos dos reuniones de trabajo. Una para conversar y entregarle
el manuscrito, y otra para escuchar sus comentarios. Nos sorprendimos de
su actualizada información. Por ejemplo, había leído
a Theodore Zeldin, quien había escrito recientemente, en cinco volúmenes,
Historia de las pasiones francesas 1848-1945 y que él tenía
en su biblioteca. Entonces nos dimos cuenta de que lo que nosotros habíamos
postulado como historia tradicional era simplemente una historia distinta
de la que nosotros queríamos realizar.
¿Es
posible volver a pensar la historia de la República sin las categorías
de Basadre?
-Se han hecho múltiples esfuerzos para pensarla de una manera diferente,
pero su cronología es una cronología inevitable: la Independencia,
el Primer Militarismo, la Época del Guano, la Guerra con Chile, el
Segundo Militarismo, la Reconstrucción, la República Aristocrática
y Leguía. Estos son períodos sólidamente establecidos.
Lo que cambiará -y de hecho ya está modificándose-
son las variables que se estudian y las formas de interpretar los hechos
que él mismo estudió.
Libros recuperados
La
multitud, la ciudad y el campo en la historia del Perú es el primer
libro de historia que asigna un papel relevante a las masas y a los sujetos
colectivos en la construcción de nuestra historia. ¿Por qué
su generación tan interesada en esta perspectiva no prestó
mayor atención a ese libro?
-Eso es un misterio. ¿Por qué ese libro no fue más
usado, más citado en nuestros trabajos y en nuestras clases? ¿Por
qué no se retomó su legado donde la presencia de lo social
era más importante que las individualidades? Algo que después
se criticará a Basadre. Lo que ocurrió es algo similar a lo
sucedido en otras tradiciones historiográficas por los cambios generacionales:
el libro Los reyes taumaturgos, de Marc Bloch, que se publicó en
1922, fue reeditado en 1982 con un prólogo de Jacques Le Goff y retomado
en ese año. La rama dorada, de James Frazer, fue retomado también
en la década de 1970. Es decir, hay un juego de olvidos y recuperaciones
generacionales, y hoy estamos en un franco proceso de recuperación
de su obra.
Basadre
fue director de la Biblioteca Central de San Marcos y de la Biblioteca Nacional.
Era un bibliógrafo extraordinario y su Introducción a las
bases documentales para la historia de la República con algunas reflexiones
constituye testimonio vivo de esa pasión. ¿Cuál es
la relevancia de este libro en las ciencias humanas en el Perú?
-Es un libro de superlativa importancia. Él describe y analiza el
valor de las fuentes documentales que utilizó en Historia de la República.
Es una de las obras perdurables de Basadre, porque muestra su interés
por las fuentes. Los historiadores a veces descuidan que la relación
con las fuentes se da por medio de dos caminos: la heurística y la
hermenéutica. Ambos permiten al historiador saber si las fuentes
que uno emplea en su trabajo son auténticas. Basadre nunca olvidó
ese procedimiento y por eso publicó este libro en el que muestra
las fuentes auténticas que permitirán una reelaboración
de la historia de la República.
Intelectuales, promesa y política
¿En
estos tiempos de disolución de fronteras nacionales, de culturas
desterritorializadas e identidades migrantes, es posible aún pensar
en el Perú como un proyecto de nación o ya simplemente se
estaría cazando fantasmas?
-¿Por qué no? La última vez que conversamos con Ben
Anderson, el autor de Comunidades imaginadas, quien posee una inmensa experiencia
estudiando las naciones en el sudoeste asiático y en el mundo, sostenía
que era posible pensar un desarrollo con naciones que busquen mantener su
singularidad en el futuro globalizado. La idea de Basadre, como la de Anderson,
es que una nación es nación cuando existe un proyecto colectivo
asumido por todos como pasado, presente y futuro. En tanto, todos somos
parte de ese plan, todos se sienten parte de un proyecto colectivo y parte
de una comunidad que existe sólo en la imaginación de la gente.
Además, mientras existan las fronteras geográficas existirán
las naciones.
Basadre
fue dos veces ministro de Educación y enfrentó serias dificultades
políticas, sus ilusiones de reforma y modernización se estrellaron
contra burócratas impermeables a las nuevas ideas. A la luz de esa
experiencia, ¿deben los intelectuales renunciar a intervenir en la
vida política?
-Recuerdo que Alexis de Tocqueville en La democracia en América sostenía
que un defecto de la democracia es que da más oportunidades a los
políticos que a los técnicos y a los intelectuales. En el
caso de la democracia peruana, se debe propender a una mayor participación
de intelectuales y técnicos en la conducción de las políticas
públicas, pero no al estilo mexicano, sino con una participación
más independiente en función de un proyecto de desarrollo
nacional. Basadre fue dos veces ministro de Educación y guió
su gestión por el afán de contribuir por medio de la educación
a una mejor ciudadanía en el país, ya sea por la alfabetización,
la educación técnica o superior.
* Publicado
en el suplemento Identidades del diario El Peruano, el 17 de febrero de
2003
** Director de la revista literaria Ajos y zafiros.
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