Basadre 100 Años *

Trabajador intelectual infatigable y libre, Basadre deja una obra y un ejemplo que nos enriquecen. Lector temprano en la Tacna ocupada, se convirtió más tarde en bibliotecario, y en reconstructor de la Biblioteca Nacional incendiada por mano aviesa. Su prosa es limpia, como su vida. Toda su obra podría llevar el título de uno de sus libros: Materiales para otra morada.

Por: César Lévano **

El 12 de febrero se cumplen cien años del nacimiento de Jorge Basadre Grohmann, el gran historiador que en miles de páginas -no únicamente en su monumental Historia de la República del Perú- ha examinado no sólo hechos o personajes descollantes, sino también el movimiento conjunto de nuestra sociedad, incluidas las clases populares.
"Nací y viví durante mis primeros años en la Tacna ocupada por los chilenos", escribió en el volumen, con disco anexo, que en la serie Perú Vivo le consagró Juan Mejía Baca.
En esos años de la Tacna profanada se desarrolló su sentimiento de patria y su concepción temprana de ésta como una realidad que mira al futuro. Los tacneños soñaban, recuerda, con reintegrarse al Perú, a la Patria Invisible.
No la veían como era, sino como la deseaban. "Desmán condenable del diputado, del gamonal, del alto o pequeño funcionario, del poderoso grande o menudo; enriquecimiento súbito del prevaricador; oratoria vacía y vana del que, en sus adentros, se ríe de sus frases comunes como sendas por cualquiera transitadas; ocio costoso del diplomático inútil; negligencia y rutina del burócrata hostil, en daño o desmedro del derecho claro y del interés legítimo; intriga sórdida de las camarillas; violación mendaz de los derechos del pueblo; calumnia vil en el pasquín o en el corrillo que quienes a sí mismos se llaman caballeros suelen auspiciar o amparar; arrastrarse en las cadenas o enfurecerse en los tumultos; egoísmo ciego de las oligarquías y frenesí de las turbas irresponsables; indiferencia u hostilidad frente a los que pudieron ascender desde un nivel demasiado bajo."
Todo eso era el Perú, escribió Basadre en el libro citado. Y, sin embargo, los tacneños apostaban por el Perú. El historiador consideraba que había en ellos la idea implícita de un Perú posible. No en vano tituló Perú: problema y posibilidad su libro juvenil, publicado en 1931 y que por algo tuvo que esperar casi medio siglo, hasta 1978, para conocer una segunda edición.
La familia Basadre se instaló en Lima en 1912. Acá estudió toda la primaria y la mayor parte de la secundaria en el Colegio Alemán, que concluyó en el Colegio Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe. En la biblioteca paterna había adquirido el vicio impune de leer. Un hecho curioso, que él relata, es que a los 12 años de edad quiso ingresar en la Biblioteca Nacional a leer; pero había prohibición para los menores de edad. Un amigo de su familia consiguió una carta para Luis Ulloa, director de la Biblioteca. Ulloa le instaló, entonces, una pequeña mesa de lectura en su despacho. Allí conoció Basadre a José Carlos Mariátegui, gran amigo del director y que en esos días bordeaba los veinte años.

Gran lector, Basadre.
Quiso el azar que más tarde, a los 16 años de edad, fuera auxiliar de la Biblioteca, y después director de la Biblioteca de la Facultad de Letras de San Marcos y luego, tras el incendio que en 1943 destruyó nuestra biblioteca mayor, director y reconstructor de ésta. Se había preparado como bibliotecario durante dos años en Estados Unidos. Tras el siniestro, fundó la Escuela de Bibliotecarios gracias a la cual el Perú tuvo por primera vez profesionales de esa disciplina vital para la cultura.
En Perú Vivo escribió: "Si mi infancia en Tacna me enseñó dolorosamente la emoción del Perú y la Biblioteca Nacional me permitió cultivar desde muy joven los estudios históricos, el otro factor decisivo para mi mocedad fue la inquietud social de la que me contagié en los claustros de la Universidad de San Marcos entre 1919 y 1927."
La preocupación social la pagó Basadre con varios meses de cárcel, en la isla de San Lorenzo. Fue a raíz de una redada, que castigó a intelectuales que colaboraban con Mariátegui y a dirigentes sindicalistas. En La vida y la historia, Basadre cuenta que entre los pretextos para la represión pudo estar el hecho de que la revista Amauta había publicado algunos textos de subido tono antimperialista. Entre ellos había uno de él, titulado "Mientras ellos se extienden", que trazaba la crónica de las intervenciones yanquis en Centroamérica y el Caribe. En 1926, narraba, Estados Unidos había desembarcado marines en Nicaragua, para defender un régimen ilegítimo. Muchos años después, poco antes de su muerte, cuando los sandinistas iniciaban una ofensiva, el gran historiador me dijo, con pasión: "Mi generación vio asesinar a Sandino. La izquierda de hoy debe impedir la derrota de los sandinistas".
Sin embargo, aun en aquel texto radical de 1927 Basadre era hombre de equilibrio. "Soy de los que creen", escribió, "que no es posible ir hacia la extirpación del capital privado en el Perú; aún más, soy de los que creen que el capital privado es benéfico para nuestras riquezas latentes."
En las aulas sanmarquinas, donde era en 1929 el profesor más joven, pronunció un discurso luego convertido en libro: La multitud, la ciudad y el campo en la historia del Perú. No vaciló en decir al dictador Augusto B. Leguía, presente para la inauguración del año académico, que la historia no estaba de parte de los opresores y de los abusivos.
Rafael Gutiérrez Girardot, crítico colombiano que ha enseñado durante décadas en la Universidad de Bonn y no vacila en arremeter contra escritores como Octavio Paz o en ejecutar en masa a los críticos de Vallejo, dijo hace mucho que en ese libro Basadre se demuestra "sereno, innovador rigurosamente científico de la historiografía en lengua española". ¡Y había sido escrito por un joven de 26 años!

No fue ese el primer libro del joven Basadre. Antes, en 1926, había publicado El alma de Tacna, y en 1928, Equivocaciones, en cuyas páginas arroja luz permanente sobre la poesía de José María Eguren y de César Vallejo.
En 1929 y 1930 apareció, en dos tomos, La iniciación de la República, que la Universidad de San Marcos acaba de reeditar en impecables volúmenes, precedidos por un agudo estudio del historiador Gustavo Montoya.
Hablar de los libros de Basadre es hablar del Perú, sus problemas y sus perspectivas. No en vano habló de la promesa incumplida de la vida peruana, la promesa expuesta por los precursores de nuestra República. El creía que nuestro destino no estaba en el ayer, sino en el mañana.
Exegit monumentum, "Me erigí un monumento con mis obras", escribió el poeta latino Horacio y lo repitió el ruso Pushkin. Los libros de Basadre, que no son solamente los diez tomos de La Historia de la República, forman una alta pirámide en cuyo plinto se puede leer: Patria y Porvenir, un porvenir signado por la justicia y la libertad. No se adhirió al marxismo de Mariátegui ni al aprismo de Haya de la Torre; pero en la reedición de Perú: problema y posibilidad, que es de 1978, poco antes de su muerte, reiteró su credo socialista. Era éste ajeno a vínculos soviéticos y planteaba "la construcción de una sociedad donde los intereses de la comunidad estén siempre por encima de los intereses particulares sin cortar el estímulo a la libre iniciativa legítima."
En vida, Basadre fue víctima de envidias y calumnias. El aprismo inventó una primera edición de la Historia de la República inexistente, para decir que allí sí acusaba al padre de Manuel Prado por su traición en la guerra del Pacífico. Basadre demostró que en la primera edición realmente existente sí había expresado su condena. Se dijo que había negado que el incendio de la Biblioteca fuera obra voluntaria: lo afirmó en todo momento. La historia ha dado la razón al historiador.
No en todo. Por ejemplo, el historiador tacneño Ernesto Yepes recuerda esta vergüenza: la casa en que nació Basadre padece de ruina. El aspiraba, recuerda, a que esa casona situada en la Plaza de Armas se convirtiera en "un centro de documentación sobre la zona del Pacífico Sur". Dice Yepes: "abandonada, maltrecha, la casa se muere de olvido. Los tacneños anhelan hace mucho en convertirla en Museo Basadre, Biblioteca Basadre." Debiera ser anhelo no sólo de los tacneños.


*Artículo publicado en el semanario Caretas, el 23 de enero de 2003.
** Periodista y docente de Periodismo de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos

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